Ecopsicología – Un camino de regreso a las raíces (VII Congreso)

Ecopsicología

Que yo esté parada acá hoy con ustedes es culpa de las ballenas. Tengo la bendición de vivir a unos pocos metros de donde las ballenas vienen a darle de mamar a sus bebés. La ballena amamantando a su bebé es un precioso símbolo de la creatividad que emerge del inconsciente, el mar, y a la que podemos ver cuando sale a respirar. A veces las ballenas pasan muy cerca de los pescadores, quienes nunca esperan pescar algo tan grande, llevándose un verdadero susto.

Había decidido quedarme con todo lo vivido durante tantos años de ceremonias para mi y mi familia, pero gracias a mi terapeuta me enteré de la Ecopsicología. Es muy difícil compartir lo que vengo a compartir. Suele levantar resistencias, pero está bien, las acepto.

Hace 13 años que camino por ceremonias indígenas, y encontré muy difícil poder compartir toda la belleza en algunos ámbitos de mi vida. Luego me encontré con Jung. La teoría Junguiana me ayudó a poner en palabras compartibles las experiencias en las ceremonias. No en vano una vez soñé que Jung me decía que la solución a este conflicto era casar al Papa con un gato. En el sueño, los enredaba bien enredados con un cable que salía desde sus fotos, y llevaba este cable hasta la tierra. El estaba muy divertido y yo no entendía nada.

Inspirada por como mamá ballena juega con su bebé frente a nuestros maravillados ojos en esta época, es que vine aquí a compartir con ustedes un bebé que estuve gestando durante muchos años. El trabajo de parto no fue fácil, no quería soltarlo, pero tomé valor y vine.

 

El retorno a lo básico

De alguna manera, lo que vengo a traer a este congreso es un recordatorio, una llamada de la Tierra, un pedido de que debemos siempre, en cada ocasión volver a lo básico, a lo esencial.

¿Qué significa esto? Significa recordar muy en nuestro interior, en nuestra esencia, que todos somos hijos. Parece muy obvio, pero los seres humanos tendemos a olvidar lo obvio. Recordar que todos somos hijos nos devuelve el sentimiento de que en lo básico, somos todos iguales. Todos tenemos una madre y un padre que nos dieron la vida, a los que deberemos agradecer por siempre su entrega a un acto de amor, y luego respiramos el mismo aire, y nos alimentamos de lo que nace de la Tierra.

Volver a tomar contacto con esta sencilla pero contundente verdad, nos ayuda a mirar qué es lo verdaderamente importante cuando nos enfrentamos a decisiones vitales. 

Otro aspecto de lo básico, es que todos tenemos el mismo destino: la muerte. La muerte nos devuelve a la Tierra, a la Madre Tierra, así que no deberíamos olvidar honrarla. En la Tierra descansarán nuestros huesos, allí nos recordarán nuestros descendientes, allí nos unimos con nuestros antepasados. Aunque inventemos edificios de apartamentos donde nuestros cuerpos no se ensuciarán con la tierra, o nos hagamos quemar, todo de alguna manera queda en ella. No hay manera de escapar de esto.

Es un gran esfuerzo que ha hecho el ser humano en este tiempo por separarse de su madre. Una madre que se ha visto como castradora y devoradora, o una madre de la cual nos podemos aprovechar. Nos hemos peleado de todas las maneras con ella, e igual no pudimos escapar. ¿Será necesario continuar con este esfuerzo? ¿No será más sencillo volver a integrarla en nuestra vida cotidiana y en nuestra vida psíquica como hacían los antiguos?

Hemos intentado con todas nuestras fuerzas escapar de nuestro destino como especie, escapar del hecho de que a pesar que nos podemos mirar a nosotros mismos, igual nos vamos a ir algún día, y otro estará aquí.

Nos hemos querido escapar del ciclo natural de muerte – vida – muerte, haciendo un gran esfuerzo con nuestro intelecto, inventando todo tipo de curas contra la muerte, viéndola como un gran error, queriendo alterar el orden de lo natural.

El grave problema es que si no podemos aceptar la muerte como nuestro destino, si no podemos hablar de la muerte como algo natural, tampoco podemos honrar la vida. Si no podemos maravillarnos con la muerte, no podemos vivir. No me refiero a mantenernos con vida, me refiero a vivir de verdad. ¿Qué es esto? Vivir de verdad es agradecer. Agradecer a cada inhalación y exhalación como un precioso don, como una oportunidad que se nos da. Es agradecer la vida como un regalo, porque cuando vemos lo frágil que es, o cuando vemos que podríamos haberla sacrificado por estar en el lugar y momento exacto en que por ejemplo cae un avión, entonces vemos el gran don que nos está siendo dado a cada momento.

Esto es básico. La vida y la muerte son básicas. No tenemos tiempo que perder con elucubraciones mentales que solo hacen que nos perdamos de nuestra verdad, de nuestro real camino como seres humanos. La mente es una gran aliada, si solo le damos ese lugar. Pero si la ponemos al mando de nuestra vida, nos perderemos en un laberinto interminable.

Allí se hace necesario volver al lugar de donde partimos, volver a sentir el olor de la tierra, volver a sentir el raspón de los pinchos en las sierras, el frío en el invierno y el calor del verano. Volver a sentir que cuando llueve nos mojamos, y que cuando nos caemos nuestro cuerpo se lastima.

Solo así volvemos a sentir que no sabemos nada. Dejamos de creernos tan grandes, que tenemos todas las respuestas, y volvemos a rogar por nuestra vida. Pero también es solo así que volvemos a ser agradecidos hasta las lágrimas de todo lo que tenemos. Volvemos a agradecer por el alimento que podemos poner en nuestra mesa para nuestros hijos todos lo días, volvemos a agradecer que alguien cosechó el trigo y amasó el pan, que hubo sol para que la semilla creciera, y agua suficiente para nutrirla.

Solo así el hombre puede agradecer a las mujeres el hecho de que un acto de amor puede costarle la vida, porque a pesar de todos los adelantos tecnológicos el parto sigue siendo un umbral entre la vida y la muerte. 

Al volver a lo básico recuperamos la memoria de quiénes somos, volvemos a experimentar el misterio de la creación, nos volvemos seres espirituales. Como dice Bert Hellinger, el creador de Constelaciones Familiares, para honrar a dios, debemos hacer una reverencia, y en la reverencia siempre miramos en dirección a la Madre Tierra, Por eso, para honrar a dios debemos primero pasar por la Madre. 

Los indígenas de nuestras tierras eran bien conscientes de esto, y hay ceremonias a donde se ingresa por una puerta muy pequeña. Ellos dicen que esta puerta es pequeña para obligarnos a andar a gatas. Dicen que esta es una buena manera de recordarnos de mirar para abajo, tan perdidos andamos mirando el cielo.  

Volver a lo básico es recordar que hacemos las cosas por amor

 

La Relación Naturaleza – Ser Humano

Es muy bella la idea romántica de ser autodidacta, pero es difícil imaginarse a una persona que quiere ser médico aprender por sí mismo. ¿Cuánto tiempo se tardaría? ¿Cuántos siglos de experiencia podría desarrollar por si mismo?

Cuando queremos aprender sobre la relación del ser humano con la naturaleza, deberíamos recurrir a las culturas que la desarrollaron durante siglos, o milenios, y los representantes que tenemos más cerca son los indígenas.

Después de quinientos años de silencio, los habitantes originales de esta tierra volvieron a hablar, sacando de su escondite todo el conocimiento guardado. Afortunadamente, ahora se encuentra al alcance de quien quiera escucharlo.

La Ecología ha dado un paso importante en el proceso de acercarnos a la naturaleza nuevamente. Es obvio, pero no está demás decirlo, que vivimos en una cultura que ha intentado dominar la naturaleza, la externa y la interna, con costos realmente graves tanto para el planeta como para el ser humano. La Ecología logró despertar el interés y la preocupación del colectivo, y se comenzaron a tomar medidas al respecto.

Sin embargo, su principal herramienta de acción ha sido el manejo de la culpa, a la cual es razonable que reaccionemos con enojo. En 1989, un grupo de académicos de Berkeley, California, se encontraron para ver qué contribución le podía dar la psicología a la ecología. Así nació la Ecopsicología, que hoy se encuentra expandida por varios rincones del mundo.

La situación de deterioro de áreas importantes de nuestro planeta nos ha devuelto la mirada hacia allí, y la Ecopsicología es un camino para profundizar esta mirada, e investigar qué relación tenemos con la naturaleza. 

Lo que la ecopsicología encontró es que la mayor contribución que podemos hacer a la ecología es nuestro crecimiento personal.  Una persona más consciente de su responsabilidad en el planeta, toma mejores decisiones en cuanto al cuidado del ambiente que lo rodea, asegurando así la salud de las próximas generaciones.

La psique humana ha evolucionado hasta diferenciarse de los objetos; sin embargo esta diferenciación ha tenido un costo. Según Byington, la vivencia de la naturaleza como algo fuera de la psique, como algo no-psíquico, aún hoy tan en boga, se constituye en una de las mayores limitaciones de la dimensión psíquica, que con eso pierde completamente su “naturalidad”.

Vivimos desconectados de todo lo que nos rodea, y eso nos permite ser insensibles con la naturaleza, y por supuesto con la nuestra propia.

Volviendo al ejemplo que nos dan los indígenas, existen tribus que se identifican con un ave, pero por supuesto saben que no tienen plumas ni pico. Sin embargo, esa ave les permite por ejemplo sobrevivir en la selva, mostrándoles cuales frutos son comestibles y cuales no. Pero además, aprenden con su vuelo, que será largo o corto, y con la capacidad del ave de no chocar con las ramas durante su vuelo entre el follaje. Esto puede darles, por ejemplo, una idea de la libertad y de los límites, además de una idea de cómo evitar las dificultades. 

El idioma guaraní no tiene una palabra que marque pertenencia. No existe manera de decir “esto es mío”. Su vocabulario, en cambio les permite una identificación con el objeto. Así por ejemplo dicen “yo tambor”, en vez de “mi tambor”. Como dice Jung, en el mundo del indígena, las cosas no tienen los mismos límites tajantes que tienen en nuestras sociedades “racionales”.

La Ecopsicología plantea el concepto de un Ego Ecológico, donde comenzamos a integrar en nuestro interior las cualidades de los elementos de la naturaleza que nos rodea, reconociendo también nuestra diferencia.

Por esto, el indígena mantiene una unidad con todo lo que le rodea. Los indios Pueblo creen que son responsables de la salida del sol, y que si un día dejan de llevar adelante sus rituales y cantos, el sol ya no saldrá. Como dice Jung, esto les da un sentido de propósito a su vida, y su situación es mucho más satisfactoria que la del hombre de hoy que se encuentra perdido y sin referencias.

Para el indígena, su madre es la Tierra y su Padre el Sol; sus abuelos son el fuego, las piedras, la luna y el agua. Sus hermanos son los que caminan, vuelan o se arrastran, además de los hermanos verdes que pueblan el planeta. El indígena vive rodeado de una gran familia a la que considera sagrada, y la respeta y honra de todas las formas posibles. La soledad no es una posibilidad, a no ser que se busque como forma de profunda meditación.

El ser humano de hoy da por descontadas todas las cosas que sostienen la vida, y se olvida de agradecer por el simple hecho de estar vivo. Si recordáramos esto más seguido, seguramente tomaríamos otro tipo de decisiones. Cuando recordamos la fragilidad de nuestra vida, no podemos darnos el lujo de olvidar lo sagrada que es.

Quizás sea momento de dejar de dominar tanto a la naturaleza y dejarnos tocar por ella, para ir al encuentro de la propia.

 

Tradiciones, un encuentro con las raíces

En estos tiempos han florecido muy popularmente los viajes chamánicos y otros aspectos de las tradiciones indígenas más relacionados a la cura de la enfermedad, lo cual coincide con lo enferma que está nuestra cultura. Sin embargo es importante considerar que esta forma de sanación funcionaba a mil maravillas dentro de un contexto cultural, social y espiritual que ahora no tenemos, y que hace que los efectos de una cura chamánica se pierdan cuando el individuo vuelve a casa y se encuentra con su enferma situación vital. Además nos quedamos nuevamente con la antigua visión de que estamos enfermos y que otro, mucho más sabio y mágico que yo me va a curar, depositando la figura del sanador fuera de mi mismo.

Las tradiciones indígenas tienen mucho más para aportar al hombre moderno que una antigua forma de sanar; pueden ser un modelo de cómo vivir en salud. Por supuesto que todo merece una adaptación a los tiempos modernos, pero son innumerables los puntos a rescatar de lo que podemos aprender.

Una de las maravillas más grandes de estas tradiciones, es que enseñan la conexión de cada uno con el Gran Espíritu, o Gran Misterio (Dios, la conciencia divina, o como quiera ser llamado). Cada uno tiene una relación con este ser superior, que debe cultivar y cuidar, y las personas, medicinas, objetos rituales, etc., son apoyos que tenemos para hacer que esta relación sea más fluida y fuerte. Cada uno de los integrantes de una tribu tiene un don, especialidad o misión que comparte en beneficio de los demás integrantes de la tribu, ya que no todos podemos ser chamanes o guerreros, pero todos se deben hacer cargo de su relación con el Gran Espíritu.

Uno de los aspectos de las tradiciones indígenas que más me interesa rescatar por lo que puede aportar al mundo de hoy,  es la capacidad de dar a cada evento de la vida su importancia y sentido profundo a través de una ceremonia o ritual. Es evidente que nuestra cultura no cuenta con instancias que nos ayuden a hacer concientes las energías que se movilizan por ejemplo en la transición de la infancia a la adolescencia, o en la crisis de la segunda mitad de la vida. De todas formas, estos momentos son vividos, pero sin la oportunidad de canalizar de una manera saludable todo lo que nos sucede. Los adolescentes piden a gritos un ritual de iniciación, que por falta de propuestas desde lo colectivo, muchas veces termina en el acto de comenzar a fumar, o peor aún, consumir drogas.

 Vivimos con una avidez de consumo que inevitablemente nos deja insatisfechos, a un ritmo vertiginoso, donde las situaciones realmente importantes de la vida se pierden debajo de la montaña de obligaciones y distracciones que el mundo actual nos ofrece. No se trata de de escapar de ellas viviendo en una cueva, sino de integrar la capacidad de dar sentido a nuestras experiencias de vida a través de los rituales conectados a la naturaleza (que finalmente nos conecta con nuestra naturaleza interior).

Jung, en “La Práctica de la Psicoterapia”, nos advierte a quienes nos dedicamos a esta disciplina, sobre los peligros que acarrea para el ser humano la pérdida de las tradiciones. No es novedad para ningún psicoterapeuta que durante un proceso de psicoterapia el cliente proyecte en él la imagen de sus padres (transferencia). Llegado el punto del proceso en que esta proyección debe ser levantada, el terapeuta suele encontrarse con serias dificultades. Jung dice que no podemos esperar la destrucción de esas imágenes parentales (como en muchos casos se intenta, aduciendo a la independencia del hombre), porque estaríamos apelando a la destrucción del alma infantil, lo cual está de antemano condenado al fracaso.

¿Entonces qué hacer cuando se llega a este punto en la terapia? Jung solía enviar a los cristianos a practicar los rituales de la iglesia católica, pero narra las dificultades con que se encontraba cuando la persona no tenía una tradición.

Si bien históricamente la ruptura con las tradiciones ha sido un paso importante en el desarrollo de ciertos aspectos de la humanidad, también ha generado procesos  peligrosos. Una tradición no piensa en destruir el alma infantil, sino más bien que la sustenta y la transforma en una forma más elevada, previniendo así la pérdida de las raíces, uno de los males más graves, según Jung, de nuestra sociedad actual.

¿Qué es lo grave de la pérdida de las raíces? Se ha hablado mucho del tema, y hasta de una forma algo romántica, sin embargo podemos ver en ella el comienzo de procesos psicopatológicos graves como la supervaloración de si mismo o en el otro extremo, el famoso complejo de inferioridad, además de ser terreno propicio para otros tipos de disturbios. Jung plantea que la vida instintiva se expresa a través de las tradiciones. Dice que las convicciones y las costumbres transmitidas por la tradición están profundamente arraigadas en los instintos. Si estas son perdidas, la conciencia se separa del instinto, por lo tanto la conciencia pierde sus raíces y el instinto, ahora sin expresión retorna al inconsciente, cuya energía se refuerza y se desborda luego a los respectivos contenidos concientes, pero desconectada de sus raíces, los instintos.

He ahí la extrema urgencia de rescatar la importancia de rituales y tradiciones que ordenen y devuelvan la energía a donde debe de ir. La energía busca su recipiente correcto, y no lo encuentra en la actividad de generar el sustento y comodidades. Busca en las relaciones románticas, en el poder, en la política, en el conocimiento racional, y tampoco encuentra. El problema es que no sabemos ya cuáles son nuestras tradiciones, y si debemos adoptar una, cuál es la mejor. 

Sin embargo, los propios síntomas traen la solución. Es obvio que esta cultura patriarcal ha dejado a la Madre Tierra de lado, generando la destrucción ecológica visible ya para todos. Lo lógico en este caso es volver a prestarle atención. Esto está sucediendo a través de un intenso movimiento ecológico, pero como hablábamos antes, no tiene todas las respuestas. La Ecopsicología plantea que el cambio comienza desde dentro de cada uno de los integrantes de este planeta, ya que la ecología no puede hacerse cargo de las necesidades instintivas de los seres humanos.

En el mundo actual, donde la globalización dificulta la puesta en práctica de antiguas tradiciones que preserven la naturaleza instintiva del ser humano, cada uno debe hacerse cargo de su propia naturaleza y necesidad de raíces. Hoy tenemos una gran oferta de distintos tipos de tradiciones que están a la mano de quien quiera beneficiarse de ellas. Sin embargo existen factores que “mandan”. Cada rincón del planeta tuvo en su época grupos humanos que durante muchas generaciones se dedicaron a desarrollar la mejor manera de relacionarse con la Madre Tierra, tomando lo necesario sin perturbarla, y con el más grande de los agradecimientos. ¿Por qué no retornar a ellos a ver cómo lo hacían? Pero no solo en su forma de sanar lo enfermo, sino en cada detalle de su cotidianidad. 

 

Nuestro trabajo

Nuestro propósito más importante es devolver a la gente a la naturaleza. Esto puede querer decir cosas diferentes, de acuerdo de quién se trate el proceso. Para muchos puede significar dejar de matar animales, para otros atreverse en lo salvaje, o encontrar un camino más verdadero de acuerdo a su propia naturaleza, que no es igual a la de nadie más. Cada uno sabe lo que necesita.

De esta misma manera, cada agrupación de Ecopsicología adquiere características diferentes, y cada una aporta su propia identidad al todo. Por ejemplo, en EEUU se están haciendo profundas investigaciones a nivel universitario, sobre la vida de los lobos en estado salvaje, y su relación con la vida humana. En Italia tenemos una importante escuela de Ecopsicología, y en Uruguay está adquiriendo la dirección de llevar gente a la naturaleza y a los rituales indígenas.

Nuestra Fundación es muy joven, pero hemos tenido ya le experiencia de lo que podemos dar a través de la ceremonia. Durante el año pasado se trabajó con familias. La experiencia consistía en sentarnos en círculo alrededor de un fuego, que podía estar representado por una vela, y vivir la experiencia de hablar, tanto adultos como niños, sobre diferentes situaciones que plantea la vida. Durante estos espacios, se hacía pasar un “bastón que habla”, que consiste en un bastón que se hace sonar antes de hablar y al terminar. Solo quien tiene el bastón puede hablar, a menos que plantee una pregunta a alguien en especial, quien contará con una sonaja especial para esta situación. De esta manera se da la maravilla de la escucha, y del respeto a que hasta el más pequeño tiene algo para decir aunque haga sonar el bastón y lo pase sin decir nada. 

Es fascinante ver cómo los niños, a lo largo de los encuentros, comienzan a familiarizarse con este instrumento, y plantean cuestiones que realmente los preocupan. La experiencia de ser tomados seriamente en sus cuestiones por los adultos, la integración, el ver que sus padres también pueden estar confundidos y el tener un lugar igual al de todos los adultos, ha sido una experiencia maravillosa para los niños que concurrían. De la misma forma, la oportunidad de escuchar a los niños o adolescentes con los cuestionamientos propios de su edad y de esta época, nos da a los adultos la posibilidad de abrirnos seriamente a verlos de una  manera sagrada y comprender sus acciones.

Actualmente estamos trabajando con la Tipi de la Luna. Tenemos una tipi (carpa indígena) en un predio cercano a la Laguna del Diario, Punta del Este, donde trabajamos todo lo relacionado a los ciclos naturales de la mujer. La naturaleza de la mujer está marcada por la menstruación o por su falta, la cual está regida por la luna. No prestarle atención a este hecho es causa de numerosas patologías femeninas. Para las tradiciones del norte de América, la mujer, durante la menstruación, estaba viviendo su más importante ceremonia, por lo cual tenía derecho a retirarse durante esos días a descansar, meditar, y compartir con las otras mujeres que estaban menstruando, un rato de complicidad.

También tenemos programados talleres en la naturaleza, donde pasar un tiempo contemplando lo que nos sucede cuando nos exponemos a la intemperie con una actitud contemplativa. Cada paisaje, cada formación geográfica, los animales y la vegetación desencadenan sentimientos y experiencias diferentes que podemos aprovechar para explorar nuestro mundo interno.  

La Fundación de Ecopsicología del Uruguay está radicada en Punta del Este porque es un lugar privilegiado para nuestro trabajo. Contamos con una gran variedad de paisajes a los que podemos acceder sin trasladarnos muy lejos, y una excelente infraestructura que nos permite recibir personas provenientes de otros lugares.

Nuestra Fundación es representante para el Uruguay de la European Ecopsycology Society, con sede en Neuchatel, Suiza, y tiene programado para el año próximo, además de los talleres mencionados, generar o participar en programas vinculados a la acción ecológica.

Invitación

Es de esta manera que los estamos invitando, en primer lugar, a darnos un momento cada vez que recibimos un alimento en nuestra mesa, para pensar en todos los procesos que tuvo que pasar desde que era una semilla hasta convertirse en lo que vamos a llevar a la boca, y también en todas las manos que pusieron su trabajo para que nos podamos alimentar. Así de esta manera, estaremos dando una forma de agradecimiento, un reconocimiento a todos y cada uno de los seres vivientes de este planeta. También invito a que compartamos esta reflexión con nuestros hijos, para que puedan comenzar a valorar todo lo que les es dado.

La otra invitación es un poco más concreta. Se trata de que los invitamos a participar en un retiro de fin de semana el próximo 6 y 7 de octubre, donde estaremos en silencio y dormiremos junto al fuego en las sierras de Aiguá.

También invitamos a las mujeres a participar de la Tipi de la Luna. Allí podemos celebrar la primera menstruación de nuestras hijas, nuestros cumpleaños, y todo otro evento importante para nuestra vida anímica. También estaremos realizando círculos de mujeres en la tipi, seguramente los jueves de noche a partir de octubre.

Y finalmente los invito a que prueben de utilizar el “bastón que habla” cuando haya un conflicto que un grupo deba resolver. De esta forma se asegurarán que cada uno sea escuchado. El bastón puede dar las vueltas necesarias al círculo hasta lograr el consenso, un bien tan buscado y tan poco encontrado.

 

Bibliografía

 

  1. Danon, Marcella. (2006) Ecopsicología. Milán, It: Urra.
  2. Jung, C.G. (1979) Acercamiento al Inconsciente en El Hombre y sus Símbolos, Madrid: Aguilar.
  3. C.G. Jung. 1981 Obras Completas Volumen XVI/1, “La práctica de la Psicoterapia”. Vozes, Petrópolis RJ
  4. Byington, C. (1988) La Dimensión Simbólica de la Naturaleza en Dimensiones Simbólicas de la Personalidad. Ed. Atica: San Pablo.
  5. Hellinger, B. (2007) Pensamientos Divinos, sus Raíces y sus Efectos. Ridgen: España.

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